2017: Odisea del Baloncesto pacense

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LA FIRMA – WILLY LÓPEZ

Y llegaron de otro planeta, a bordo de una nave diseñada por Kubrick, una nave con un ordenador megáfono y con algo de mala leche llamado HAL 9000. Un simio lanzaba un hueso al aire y zas, varios astronautas con ropa de Galerías Preciados alunizaban de manera suave, sutil, gravitatoriamente dulce, una técula mécula de aterrizaje. Allí esperaba una especie de monolito, un elemento cuneiforme que llevaba años emitiendo sonidos guturales, cacofonías de otro mundo. El poste en cuestión, de 3,05 metros, con un trozo de metacrilato sujeto a su cruz, con un rectángulo de dimensiones cósmicas desde el cual sobresalía una especie de aro color bermellón-demonio y una raída red en forma de atrapasueños de tecnología, aún por investigar. Bajo esa figura de trazos arquivólticos, el desgaste del suelo era considerable, huellas de seres superiores, con líneas de colores pintadas, varias áreas y una más amplia a 6, 25 metros del monolito. Zaratustra hablando de lo suyo, los monos inquietos, defendiendo la zona, los cinco tripulantes del Discovery tensos, absorbiendo la biodramina y los efluvios de la gravedad, cansados de entrenar y recordar años mejores, temporadas de ritos deportivos nacionales, viajes interestelares a otras comunidades, otras aficiones, otras ligas. Tirar de hemeroteca sideral y Stanley de árbitro. El balón de 70 centímetros de circunferencia, 24 de diámetro y 620 gramos de peso caía suavemente de la nave, pequeños botes, pum, pum, pum…aún quedaba espacio-tiempo para una pachanga de ciencia ficción en la ciudad.

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