EL SILENCIO NO ES RENTABLE

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Miguel Piedehierro, periodista extremeño.
Miguel Piedehierro, periodista extremeño.

Que los tiempos han cambiado es una obviedad de tal calado que no se necesitan muchas líneas de este texto para argumentar esa idea. Un cambio que, cómo no, ha llegado también a los clubes deportivos. Gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la las redes sociales han inundado todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, cómo no, en el deporte también y ése está siendo uno de los cambios más notables en los últimos tres año.

Es complicado encontrar algún club de fútbol, basket, voleibol, atletismo, etcétera, que no tenga cuenta de Twitter, página de Facebook, Instagram…  y hasta página web. En ese proceso de comunicación abierto, se ha llegado hasta a crear la figura de un responsable de prensa o de medios de comunicación que es el encargado de establecer el contacto entre el propio club y los periodistas que en esta región intentan informar del mundo del deporte.

Está claro que quien no está en una red social o no logra tener repercusión alguna en los medios de comunicación no existe. Pero también está muy claro que las cosas hay que hacerlas bien. En nuestra región hay casos de lo uno y de lo otro, es decir, de quién lo está haciendo bien y de quién lo está haciendo o lo ha hecho muy mal.

Siendo mejorable, es de agradecer la apuesta decidida por el marketing y la comunicación que están haciendo clubes como el Mérida AD, Badajoz CF o, en Regional Preferente, equipos como el CD Badajoz 1905. Su presencia en las redes sociales es fluída y la información que ofrece de su día a día es digerible. Hay otros ejemplos, como el del CP Cacereño de inicios de temporada, en el que la política de comunicación fue un completo desastre, muy lamentable y eso el club lo nota y lo acusa.

Es una temeridad poner al frente de la comunicación de un club a personas que no son profesionales en la materia. Personas, cuando no personajes, que por el simple hecho de creerse que tienen cierto don de gentes, que se mueven con soltura por las redes sociales o que les atrae “eso de la radio” se creen capaces de controlar una situación de crisis en comunicación, que son capaces de diseñar una estrategia de marketing, posicionar una marca o controlar el flujo de información que un club, sea el que sea, puede llegar a generar diariamente. Dar esa responsabilidad a un simple aficionado a la comunicación es una temeridad. ¿Te imaginas que el césped de un estadio de fútbol lo cuidase alguien que solo es un aficionado a la jardinería? O más chocante todavía, ¿te imaginas que a un jugador lesionado de gravedad en una rodilla le operase un socio del club ‘aficionado’ a la traumatología?, pues eso es lo que está pasando con la comunicación.

Por eso, estando bien planteada la apuesta de los clubes por potenciar su imagen pública, es muy recomendable que esa labor se encomiende a profesionales del sector, licenciados en Ciencias de la Información, diplomados en Comunicación Audiovisual, periodistas…, de los que, desgraciadamente, hay cada vez más en paro. Ésa sería una muy buena fórmula de que nuestros clubes, sino todos, los que compiten en unas categorías de cierta repercusión social, diesen un paso decidido hacia la profesionalización de su imagen pública y comunicación. Eso, a la larga, sale más barato que las piruetas comunicativas que algunos intentan hacer rozando más el ridículo que otra cosa.

Uno, que alguna que otra vez ha entrevistado a deportistas que militan en clubes de fuera de la región de categorías similares a las de nuestros equipos, siente cierta envidia sana cuando, antes de hacer esa entrevista, te atiende un responsable de comunicación del club que además, y como debe ser, es profesional en la materia, y eso se nota. Que el silencio no es rentable, que hay que invertir también en saberse vender es tan verdad como que has llegado al final de esta humilde columna. Salud.

 Miguel Piedehierro

Fotografía: Alberto Cruz

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