
El Badajoz afronta este fin de semana la última eliminatoria por el ascenso a Segunda Federación con un recuerdo muy presente en la memoria de su afición. Casi nueve años después de lograr su último ascenso, el conjunto blanquinegro vuelve a encontrarse a solo dos partidos de regresar a una categoría superior, una situación que inevitablemente remite al exitoso playoff de la temporada 2016/17.
Aquel curso marcó un punto de inflexión para la entidad. Apenas cinco años después de su refundación, el Badajoz consiguió regresar a la entonces Segunda División B tras superar tres eliminatorias de ascenso. Curiosamente, el contexto presenta varias similitudes con la temporada actual.
El equipo dirigido entonces por Juan Marrero finalizó la liga regular en segunda posición con 85 puntos, únicamente superado por un Cacereño que firmó una campaña extraordinaria. Aquello obligó a los pacenses a recorrer el camino largo hacia el ascenso.
La primera parada fue el Bergantiños. Un empate a dos en Galicia y un posterior 0-0 en el Nuevo Vivero permitieron a los blanquinegros superar la primera ronda y romper la barrera que había frenado al club en temporadas anteriores.
Posteriormente llegó el Antequera. El Badajoz volvió a sacar un valioso empate a dos lejos de casa antes de sellar la clasificación en el Nuevo Vivero con una victoria por 2-1 que disparó la ilusión de una afición cada vez más entregada.
La eliminatoria definitiva enfrentó al Badajoz con el Calahorra, campeón del Grupo XVI y uno de los grandes favoritos al ascenso. La ida, disputada ante cerca de 8.000 espectadores en el Nuevo Vivero, terminó sin goles y dejó todo abierto para la vuelta en tierras riojanas.
El panorama se complicó cuando Satrústegui adelantó al conjunto local desde el punto de penalti antes del descanso. Sin embargo, el Badajoz reaccionó en la segunda mitad. Un memorable lanzamiento de falta de Ruano devolvió la igualdad y acercó el objetivo. Poco después, Joaqui Flores culminó la remontada con el 1-2 definitivo que desató el delirio entre los más de 500 aficionados desplazados.
A las puertas de una nueva final por el ascenso, aquel precedente vuelve a servir de inspiración para un Badajoz que busca escribir otro capítulo inolvidable de su historia. El Cuarte será el último obstáculo para un equipo que sueña con repetir la gesta de 2017 y devolver al club al fútbol nacional.





